domingo, 24 de junio de 2012

Subestiman




Luego del día del padre, y del aluvión de publicidades que se realizan en esta fecha, me pongo a pensar en la propaganda del gobierno municipal.
Verde y blanco, como casi todo. Mensaje infantil, frases de la infancia, de la inocencia de esos años. “Te quiero hasta el infinito punto rojo”, “Te quiero hasta el infinito punto rojo y me tragué la llave”, y las dos firmadas por la Munici“PA”lidad de  Coronel Pringles.
La propaganda, en su origen, tiene como objetivo inculcar una ideología, una doctrina para formar opiniones y generar comportamientos de los grupos con un determinado objetivo. Todo esto se logra a través de la persuasión psicológica y de la reiteración del mensaje, de las distintas formas y por diferentes medios posibles.
¿Qué se busca con la emisión de estos mensajes en este tipo de lenguaje? ¿Será que quieren nivelar las mentalidades de la ciudadanía con las de un niño? ¿Para qué? ¿Para que no se realice una crítica de la realidad?
Ante los conflictos que se están dando en Pringles, después de varios años, emitir este tipo de propaganda no es casualidad. Los Profesionales y Técnicos de la salud realizaron un paro por primera vez en mucho tiempo reclamando mejoras salariales, principalmente en los enfermeros. Sueldos por debajo de la canasta básica y éxodo de trabajadores hacia otros centros de salud y otras ciudades es la causa y la consecuencia de un sistema de salud colapsado. Doscientas viviendas del Plan Federal sin terminar, las cuadras de asfalto sin terminar y la dársena de calle Chile y Ruta 51 que apenas comenzó y genera más peligro que antes, la histórica falta de empleo genuino en ramas de producción que generen riquezas a la ciudad, son, por nombrar algunos, los problemas locales.
Evitar el pensamiento y apelar a la emoción, pueden ser técnicas válidas que las empresas emplean para vender sus productos en la medida de que no sean engañosas. Pero que los gobiernos, cualquiera sean, la implementen para distraer, y peor aún, menospreciar y subestimar la inteligencia de los destinatarios del mensajes, atenta contra el objetivo central del Estado de formar y brindar herramientas a los ciudadanos para construir su vida de la mejor manera posible.
Aquí el mensaje no es sólo desear un feliz día del padre. El mensaje encubierto es simplificar el pensamiento, o peor, anularlo. La complejidad no requiere de frases inentendibles, sino de contenido. Por eso es responsabilidad nuestra exigir ser mejor tratados. Ser vistos como seres racionales y no como un blanco amorfo carente crítica. Es nuestro deber hacérselos saber.

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