Luego del día del padre, y del aluvión de publicidades que
se realizan en esta fecha, me pongo a pensar en la propaganda del gobierno
municipal.
Verde y blanco, como casi todo. Mensaje infantil, frases de
la infancia, de la inocencia de esos años. “Te quiero hasta el infinito punto
rojo”, “Te quiero hasta el infinito punto rojo y me tragué la llave”, y las dos
firmadas por la Munici“PA”lidad de Coronel
Pringles.
La propaganda, en su origen, tiene como objetivo inculcar
una ideología, una doctrina para formar opiniones y generar comportamientos de
los grupos con un determinado objetivo. Todo esto se logra a través de la persuasión
psicológica y de la reiteración del mensaje, de las distintas formas y por
diferentes medios posibles.
¿Qué se busca con la emisión de estos mensajes en este tipo
de lenguaje? ¿Será que quieren nivelar las mentalidades de la ciudadanía con
las de un niño? ¿Para qué? ¿Para que no se realice una crítica de la realidad?
Ante los conflictos que se están dando en Pringles, después
de varios años, emitir este tipo de propaganda no es casualidad. Los
Profesionales y Técnicos de la salud realizaron un paro por primera vez en
mucho tiempo reclamando mejoras salariales, principalmente en los enfermeros.
Sueldos por debajo de la canasta básica y éxodo de trabajadores hacia otros centros
de salud y otras ciudades es la causa y la consecuencia de un sistema de salud
colapsado. Doscientas viviendas del Plan Federal sin terminar, las cuadras de
asfalto sin terminar y la dársena de calle Chile y Ruta 51 que apenas comenzó y
genera más peligro que antes, la histórica falta de empleo genuino en ramas de
producción que generen riquezas a la ciudad, son, por nombrar algunos, los
problemas locales.
Evitar el pensamiento y apelar a la emoción, pueden ser
técnicas válidas que las empresas emplean para vender sus productos en la
medida de que no sean engañosas. Pero que los gobiernos, cualquiera sean, la
implementen para distraer, y peor aún, menospreciar y subestimar la
inteligencia de los destinatarios del mensajes, atenta contra el objetivo
central del Estado de formar y brindar herramientas a los ciudadanos para construir
su vida de la mejor manera posible.
Aquí el mensaje no es sólo desear un feliz día del padre. El
mensaje encubierto es simplificar el pensamiento, o peor, anularlo. La
complejidad no requiere de frases inentendibles, sino de contenido. Por eso es
responsabilidad nuestra exigir ser mejor tratados. Ser vistos como seres
racionales y no como un blanco amorfo carente crítica. Es nuestro deber
hacérselos saber.

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