El misterioso caso de la orca acusada de matar a su entrenadora en el acuario Sea World en la ciudad estadounidense de Orlando, trajo la discusión en los medios de comunicación de todo el mundo sobre la vida de estos animales. Entre la ignorancia de unos y el amarillismo de otros, lo único que puede absorber el televidente, lector u oyente es información falsa.Retomando mis antiguos deseos de convertirme en biólogo marino, y teniendo en cuenta mi actual situación de periodista recientemente recibido, lo mínimo que puedo hacer es una simple y humilde defensa de las orcas y una crítica a los medios de comunicación que en su afán de dar a conocer esta noticia, llaman a estos animales “ballenas asesinas”, como la de la película de Hollywood, que fue producida por la misma compañía que realizó “Liberen a Willy”. Queda claro que a la productora cinematográfica no le interesa educar, sino hacer su negocio. En primer lugar, creo que es necesario aclarar por qué no son ballenas. Las orcas son cetáceos de la familia de los delfines, que a diferencia de éstos poseen el labio superior por delante del inferior, y una de las tantas diferencias con las ballenas es que las orcas tienen dientes y no barbas. En segundo lugar, son llamadas asesinas. Tienen un lugar privilegiado en la cadena alimentaria. Son grandes depredadores pero no tienen a nadie que los busque a ellos. Es más, se han encontrado grupos de orcas que han atacado a tiburones blancos, los más peligrosos y famosos depredadores de los animales marinos.
Si por matar seres humanos son tildadas de asesinas, conozco más casos de perros que han atacado a hombres, que las propias orcas. Igualmente, el animal que más hombres ha matado y más amenaza su raza, es el propio hombre.
La explotación de las orcas en los acuarios es una actividad que la ciudadanía debe empezar a repudiar. Los motivos son claros: una orca en el mar tiene una vida promedio de 50 años, mientras que en una pileta, su esperanza de vida promedio es sólo de seis. Los sonidos que estos cetáceos producen para su comunicación rebotan en las paredes de la pileta y vuelven hacia ellas, lo que trae como consecuencia el aturdimiento y un trastorno en su conducta. Una vez que se las encierra, difícilmente puedan volver al mar a seguir una vida como la que tenían antes. Las causas que lo impiden son que al estar acostumbradas a vivir en familia y necesitar del grupo para cazar a sus presas, una vez que son apartadas de las demás, difícilmente vuelvan a encontrarlas y adaptarse al medio. Otro motivo es que la aleta dorsal se les dobla y les impedirá desarrollar la velocidad necesaria para desplazarse en el mar. Un dato nuevo que escuché, es que horas antes de las funciones le reducen el 60% de la alimentación para que obedezcan las órdenes de los entrenadores.
Que el hombre pueda encerrar a estos animales, explotarlos y lucrar con estos shows, es un derecho que los gobernantes de cada país deben ocuparse por limitar. Por nuestra parte, y sin dejar de entender que los acuarios existen porque hay gente que paga la entrada para verlos, sería bueno que dejemos de asistir a estos lugares, que las escuelas los quiten de sus destinos de viajes de estudio y que se concientice que el mejor lugar para ver orcas es el mar, como en nuestro país es Punta Norte y Caleta Valdés en la Península Valdés, Chubut.Ante tanta desigualdad, ante tanto abuso de poder por parte del hombre en un ambiente que no es el de las orcas, ante tanta información falsa, yo no tengo problema en ponerme del lado de las orcas, animales extraordinariamente inteligentes.
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