
Parafraseando el tango “Cuesta Abajo”, se puede decir que la selección argentina arrastra por este mundo la nostalgia de haber sido y el dolor de ya no ser. Es que la imagen que se crea inmediatamente en el inconciente colectivo de la gente es la de un país formador de grandes jugadores de fútbol, de producción de materia prima y exportadora de futuros talentos a las grandes ligas europeas. Pero la realidad de vez en cuando le pega un cachetazo y le hace abrir los ojos.
La técnica que caracterizó históricamente al futbolista de estas tierras, se ve poco y nada en la actualidad. Sólo unas pocas gambetas de Lionel Messi son capaces de devolverle al fútbol argentino un poco de identidad. Pero no puede tomarse a Messi como un producto nacional ya que el valor agregado le corresponde a las divisiones inferiores del Barcelona de España.
Leer la actualidad de lo jugadores más importantes de la selección, es una gran ayuda para darnos cuenta por qué la clasificación al mundial de Sudáfrica es tan difícil.
Cuando asumió Basile, el arquero era Abbondanzieri. Luego con Maradona fueron Carrizo, Andujar y Romero. Ninguno de ellos puede estar tranquilo porque sabe que el puesto no está asegurado. En la defensa, el retiro de Ayala dejó sin referente y Demichelis no termina de afianzarse como su sucesor. Heinze no sabe si tiene que jugar de central o de lateral izquierdo. Zanetti pasó hace tiempo su mejor momento pero no hay nadie que lo suplante. Los nuevos: Otamendi, Papa y Domínguez no logran jugar al nivel que juegan en Vélez. Los ex Sub-20: Coloccini y Burdisso no tuvieron la continuidad que el proceso necesita.
En el mediocampo, el único indiscutible es Mascherano. El resto intercambia con una de cal y otra de arena. Salvo Verón, que fue la estrella de Estudiantes campeón de América, ninguno brilla en sus clubes.
Los delanteros se pueden dividir en los que “quiere la gente” o también llamados “enanitos” y los que hacen goles. Dentro del primer grupo se encuentra Messi: el mejor jugador del mundo, pero que en la selección no encuentra a nadie que juegue como sus compañeros en el Barcelona. Agüero, no hace dos gambetas seguidas, y la única que hace, no sirve. Tévez, el abanderado del “fútbol del potrero”, de la humildad, de los pobres y del pueblo, fue ídolo del Manchester United. Los hinchas ingleses lo ovacionaban cada vez que entraba en el segundo tiempo. Ahora juegan en el Manchester City, y los hinchas lo siguen ovacionando cuando entra en el segundo tiempo. El otro grupo de delanteros, están compuestos por los goleadores indiscutibles: Crespo, Lisandro López, Cruz, Milito, Mauro Zárate y Gonzalo Higuaín, a quien Grondona lo tachó con una cruz roja por no haber ido al mundial Sub-20 de Canadá.
Pero la pobreza no sólo se ve en la cancha. También está en el banco. Maradona demostró no estar a la altura de las circunstancias. No puede un director técnico hacer carteles y pegarlos en los vestuarios para motivar a los jugadores. La motivación debe ser la selección misma, y a quien no le alcance, que no juegue. Los problemas internos con los directores técnicos de la Sub-20 hacen que la selección se entrene dos días antes de enfrentar a Brasil con un combinado de Tristán Suárez y sólo por la mañana porque el DT se levanta a las doce del mediodía.
Entre lo que fuimos y lo que somos, hay más diferencia de lo que se cree. El primer paso para acortarla es darse cuenta dónde se está parado en realidad. Si la selección no lo hace, seguirá cuesta arriba, soñando con el pasado que añora y que, posiblemente, nunca volverá.