El conocido chiste “¿qué le dijo la soda al vino?” es, quizás, tan viejo como el sifón que está sobre la mesa o como el que espera en la heladera.
No he escuchado a catadores de soda hablando de sus atribuciones, ni de su manera de tomarse, ni de las mejores formas de acompañarla. En cambio, he visto a mucha gente que arrima el sifón al vaso para diluir el vino. Dios me libre de dichas personas, que manchan el sabor de la soda con vaya a saber qué bebida, que por sí sola, a éstos, se le hace difícil de tomar.
Y hablo de sifón porque la soda se toma del sifón. No me vengan con esas botellas de agua mineral gasificada que sólo se diferencian del agua, por el color de la etiqueta. Y cuando digo sifón, hablo del retornable. No de ese descartable que hay que romperle el pico y al que generalmente le falta un centímetro en el caño, y que deja en el fondo un resto de soda que en algún momento de la vida, sería un antojo. Además, no cuenta con el gas suficiente para que dure de la boca hasta el último órgano del sistema.
El sifón retornable sale de la sodería, se sube al camión o camioneta y comienza un recorrido que dependerá del día de la semana. Llega a la casa de familia y los llenos son cambiados por los vacíos, que se subirán al móvil y volverán a la sodería para ser recargados. En cambio los llenos descansarán por un momento en un aparador, en el garage, o en el lugar que cada uno le asigne en su casa. De a uno, dos, tres o no más de cuatro, van a ir entrando a la heladera para enfriarse. Luego irán a la mesa y cuando se terminen, volverán al cajoncito para ser entregados al sodero en su próxima visita.
La soda es una bebida que la usan para acompañar un fernet, un vino, un Gancia o para tomarse luego de un café. Yo les aconsejo que la tomen junto a un té de boldo, aunque la mezcla de lo caliente y el frío más el gas, traerá como consecuencia casi inevitable, el hipo.
Rojos, verdes, azules o cualquier otro color que la empresa desee identificar sus productos, los sifones andarán por las calles de las ciudades buscando una casa para permanecer por unos días y guardarán los secretos de cada familia. Si los sifones hablaran…
jueves, 4 de junio de 2009
Reconocimiento para una bebida subestimada
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3 comentarios:
una reflexión sobre ese chiste... sos un hijo de puta
Una vez coincidí con quién firma este espacio en las bondades de la soda. No hay mayor sensación de estar completo que tomar un sifón en buena compañía, uno se llena por dentro. Y se llena en serio. Cada vez que vuelvo a Pringles, el sodero se entera y llena el cajón que está (por supuesto) en el garage. Y cada vez que tengo la oportunidad, llevo como bebida un sifón a los asados.
Pero tenemos solo una vez y una persona capaz de reflexionar al respecto. Aprovechemosla mientras le dure el gas.
Hemos tomado cartas en el asunto.
Pringles reflexiona y aporta desde las instituciones.
A.P.T.S.
Asociación de Pringlenses Tomadores de Soda.
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