martes, 26 de agosto de 2008

Vea usted, Coronel:


Se terminaron mis treinta y cinco días de estadía en su ciudad y he visto que ha cambiado en algunas cosas y en otras, por suerte, sigue como siempre.
Debo decirle que es una lástima ver como algunas calles están hechas un desastre, sobre todo las que rodean a la municipalidad. Vea usted que ni siquiera se esmeran en mantener su casa.
Vea usted que la seguridad se ha perdido y los robos son cada vez más frecuentes. ¿Quién hubiera pensado hace quince años que la ciudad se pondría así? Si nosotros dejábamos las bicicletas en el cordón de la vereda, y por la noche, la puerta sin llave.
Vea usted, que desde arriba de su caballo todo lo ve, que la cooperativa textil que fue instalada hace poco, ya no funciona y sus empleados no trabajan.
Vea usted que hay un hombre que quiere quedarse con su ciudad. La está comprando de a poco. Lentamente nos va callando y nos hace leer y escuchar lo que él nos quiere decir, y vea que hay mucha gente que lo lee y lo escucha.
Seguramente ha visto más de una vez las peleas que se arman a la salida del boliche o de los bares. Y creo que lo ha visto porque usted está ahí cerca, a unos cincuenta metros. Por favor, haga poner orden por las noches. Su gente se lo agradecerá.

Pero debo decirle que he visto cosas que la veo siempre. Y esas cosas son las que queremos ver los que volvemos en las vacaciones o en algún fin de semana largo.
Vea usted que las mañanas siguen siendo únicas, frescas, puras.
Vea usted que todavía la gente se sigue respetando. Que se sigue saludando por la calle y los automovilistas permiten el paso a los peatones o a otros autos. No como en otras ciudades que sólo frenan porque un semáforo se lo exige. Sí, lo hacen porque un artefacto electrónico que ordena el tránsito tiene más autoridad que un hombre.
Vea usted que aún quedan pibes jugando a la pelota en los potreros.
Vea usted que la escuela y el club siguen ahí, como también la plaza y la rotonda, que invita a pasar a los que viajan por la ruta.
Vea Cine Coronel, como ese puñado de gente que se junta en el garage de una casa y mira las películas que van más allá del entretenimiento y debaten sobre su contenido.
Vea que El Molino sigue dando vueltas aunque no haya agua, que aprendimos a soportar el frío y el viento, y pese a todo, seguimos.

Vea usted Coronel, que está ahí arriba y que nos marca el camino con la espada, a dónde estamos parados y a dónde queremos llegar.Vea usted, que tiene el horizonte más lejos, cómo será el futuro así nos preparamos, porque si no lo hace usted, no sé quién lo puede hacer.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Dios conserve nuestra ilusión

Como cuando uno espera a alguien que hace rato que no ve, como cuando uno planeó un viaje durante mucho tiempo y ahora ya está con las valijas hechas a punto de partir, como cuando se sabe que hay revancha y que hay chances de cambiar.
Así estoy hoy. Con la ilusión de volver a empezar otra etapa de un camino que ya pasó las montañas más dificultosas, un camino que de una vez por todas parece terminar, aunque el final todavía no se ve claramente.
Arranca un nuevo campeonato y tengo motivos para pensar que Racing puede ser campeón. Sí, campeón. El primero de ellos y el más matemáticamente lógico y más simple de explicar es que todos los clubes arrancan de cero, por lo tanto, hoy por hoy, todos tienen la misma chance. Otro motivo es que el técnico, Juan Manuel Llop, cree en los jugadores de las inferiores y no hay estrellas. El “Chocho” va al frente, es un discípulo de Bielsa, y eso me encanta. Se fueron muchos, pero a los únicos que no vamos a extrañar son a De Tomasso y a su empresa que durante casi diez años arruinaron a Racing.
Sueño con ser campeón como en 2001. Porque no nos merecimos terminar así la temporada pasada, porque la promoción fue injusta, porque fue injusto el resultado contra Estudiantes, Lanús y Boca. Porque después del partido contra Belgrano, palmó un viejo, pero nosotros sobrevivimos. Porque después de tanta oscuridad en el túnel, se ve una luz, que aunque aún sea tenue, permite ver la salida.
Dios conserve nuestra ilusión, que en definitiva, es lo que nos mantiene de pie y en la lucha. Que la conserve hasta donde más pueda. Si es posible hasta la última fecha allá cerca de Navidad. Porque si Independiente es el diablo, Racing tiene que ser Dios, no queda otra.
Y Dios todo lo puede.