martes, 30 de junio de 2009

Si hay miseria que no se note

Pasaron las anticipadas elecciones legislativas y el matrimonio presidencial sufrió un cachetazo del que todavía no se reponen. De esto es fácil darse cuenta no sólo por haber visto la cara de Kirchner el lunes a las dos de la madrugada cuando reconoció la derrota, sino también por las declaraciones que hizo el ex presidente de la Nación al momento de renunciar a la presidencia del Partido Justicialista. El golpe que recibió el matrimonio fue tan fuerte, que tanto Néstor como Cristina, quedaron tan afectados que lo que ven, lo que piensan y lo que dicen, no se parece en lo más mínimo.
El ahora ex presidente de todo, abdicó a favor del gobernador Daniel Scioli porque su segundo puesto en las elecciones le quitó el poder para seguir adelante del justicialismo. Claro está que si Kirchner ya no puede dirigir el movimiento político más importante del país, teniendo en cuento su aparato, ¿qué poder tendrá Scioli si fue el segundo candidato de los que salieron segundos en las elecciones?. Pero como ya sabemos, por algo el gobernador forma parte del modelo kirchnerista y que no podría ser parte de otro partido político. Por ejemplo, ¿cómo podría ponerse de acuerdo con Julio Zamora para llevar a cabo un proyecto, si el ex vicepresidente no tiene ni autodeterminación ni libertad?
Pero esto no es todo. En el video que se mostró cuando Kirchner anunció su renuncia, le pidió a Scioli que siga como gobernador de la provincia de Buenos Aires y que no asuma como diputado. El principal argumento que dio fue, que de esta manera, se garantizará la gobernabilidad. No sé si yo tuve un dejavú o de algún lado saqué que esos fueron los mismos motivos por los cuales se presentaron para diputados. No sé si se habrán equivocado antes o le estarán haciendo ahora, pero es claro que una medida es opuesta a la otra.

De tal palo, tal astilla (o la media naranja de Néstor)

También la presidenta Cristina Fernández dio las explicaciones de la derrota de las elecciones. Derrota que no fue tal, ya que en un mecanismo bastante raro, sucio y mentiroso, dio a entender que a nivel nacional el oficialismo había ganado claramente.
El método que utilizó para explicar el triunfo fue el siguiente: al tratarse de elecciones nacionales, sumó los votos oficialistas de todo el país y los dividió por la cantidad de votantes nacionales, tratando a la Argentina como un solo distrito. Por ejemplo, para la presidenta, Pino Solanas no obtuvo el 24,21% de los votos de la capital, sino algo más del 2% a nivel nacional. Cabe aclarar que el Proyecto Sur, liderado por Solanas, en el único distrito que se presentó en estas elecciones, fue en la capital, de modo que es imposible que en el resto del país pueda haber cosechado un voto.
Pero para tranquilidad de Cristina, en El Calafate obtuvo “el 60% de los votos”. Según ella, El Calafate es “su lugar en el mundo”. Lo que no dijo es que en realidad no es un 60%, sino un 56,75%, y que este número significa que en el departamento santacruceño de Lago Argentino, la votaron 4.157 personas. Menos eufórico fue el reconocimiento que en la provincia que su esposo gobernó durante tres períodos, fue derrotada por más de un punto de diferencia.
Además, entre otras declaraciones en la conferencia de prensa, volvió a defender al INDEC y criticó al periodismo sosteniendo que “al oficialismo lo critica y a la oposición la escucha”.

En síntesis, lo único real es que el gobierno perdió la mayoría en ambas cámaras y pasó a ser la primera minoría. Esto deberá abrir el debate, el consenso y los acuerdos. Veremos qué medidas adopta y cómo las desarrolla de aquí en adelante.

jueves, 4 de junio de 2009

Reconocimiento para una bebida subestimada

El conocido chiste “¿qué le dijo la soda al vino?” es, quizás, tan viejo como el sifón que está sobre la mesa o como el que espera en la heladera.
No he escuchado a catadores de soda hablando de sus atribuciones, ni de su manera de tomarse, ni de las mejores formas de acompañarla. En cambio, he visto a mucha gente que arrima el sifón al vaso para diluir el vino. Dios me libre de dichas personas, que manchan el sabor de la soda con vaya a saber qué bebida, que por sí sola, a éstos, se le hace difícil de tomar.
Y hablo de sifón porque la soda se toma del sifón. No me vengan con esas botellas de agua mineral gasificada que sólo se diferencian del agua, por el color de la etiqueta. Y cuando digo sifón, hablo del retornable. No de ese descartable que hay que romperle el pico y al que generalmente le falta un centímetro en el caño, y que deja en el fondo un resto de soda que en algún momento de la vida, sería un antojo. Además, no cuenta con el gas suficiente para que dure de la boca hasta el último órgano del sistema.
El sifón retornable sale de la sodería, se sube al camión o camioneta y comienza un recorrido que dependerá del día de la semana. Llega a la casa de familia y los llenos son cambiados por los vacíos, que se subirán al móvil y volverán a la sodería para ser recargados. En cambio los llenos descansarán por un momento en un aparador, en el garage, o en el lugar que cada uno le asigne en su casa. De a uno, dos, tres o no más de cuatro, van a ir entrando a la heladera para enfriarse. Luego irán a la mesa y cuando se terminen, volverán al cajoncito para ser entregados al sodero en su próxima visita.
La soda es una bebida que la usan para acompañar un fernet, un vino, un Gancia o para tomarse luego de un café. Yo les aconsejo que la tomen junto a un té de boldo, aunque la mezcla de lo caliente y el frío más el gas, traerá como consecuencia casi inevitable, el hipo.
Rojos, verdes, azules o cualquier otro color que la empresa desee identificar sus productos, los sifones andarán por las calles de las ciudades buscando una casa para permanecer por unos días y guardarán los secretos de cada familia. Si los sifones hablaran…